03/02/2026 - 21/05/2026
Centro Andaluz de la Fotografía. Calle Pintor Díaz Molina, nº 9. 04002-Almería
Un ciclo sobre la presencia de la fotografía fija en el cine documental creativo
El Centro Andaluz de la Fotografía, con la asistencia de la Filmoteca de Andalucía, propone un ciclo de películas que, además de por su naturaleza híbrida de documentales creativos, usan la fotografía -es decir, la filmación de imágenes fijas- como un elemento sustancial de su arquitectura cinematográfica. Cine, pues, hecho -en parte, aunque no solo- con fotografías estáticas.
Contra la creencia general de que el cine basó su desarrollo en la invención de la fotografía, creadores y teóricos tan influyentes como Jeff Wall sostienen que “en términos artísticos, la fotografía se estableció sobre la base del cine, y no al revés”. Y filósofos de la imagen, como Philippe Dubois bautizaron como “cinematogramas”, a “las fotos hechas películas”, subrayando su recurso artístico decisivo en proyectos concebidos en torno a la memoria, poniendo de ejemplo ejercicios tan brillantes como “La Jetée”, de Chris Marker, hecha casi por completo a partir de fotografías filmadas.
Precisamente, Dubois ha subrayado que en la práctica del histórico “panorama fotográfico” -o la actual fotografía panorámica de formato grande- se podían desarrollar hipótesis cinéticas dados el barrido de la mirada y la duración de la temporalidad que requieren su visión.
Por otra parte, el trasvase de fotógrafos reconvertidos en cineastas -o viceversa- ha sido continuo a lo largo de la historia desde los orígenes del cine. Eadweard Muybridge, cuyo desarrollo de la cronofotografía aceleró la invención definitiva del cine, fue antes de eso un gran fotógrafo del Oeste americano. Luego, creadores como Robert Frank, Raymond Depardon, Agnès Varda o Wim Wenders, por citar notables ejemplos contemporáneos, han transitado de la imagen fija a la imagen en movimiento con absoluta naturalidad. A este tipo de creador, Philippe Dubois lo bautizó “cinefotógrafo”.
En un momento en el que las fronteras creativas han sido desbordadas, no parece pertinente hablar de la supuesta especificidad de cada medio, pues probablemente carezca de utilidad alguna. Las “fotografías” de Jeff Wall, de hecho diseñadas y ejecutadas como pequeñas grandes producciones “cinematográficas”, parecen “películas” que sugieren una narratividad fuera de marco, así como los fotogramas en lento movimiento de Béla Tarr perduran en la retina como extáticas “fotografías” fijas, tal y como la memoria suele recordar el pasado: en la contundencia de las imágenes fijas, no en secuencias móviles.
Como se verá a lo largo de estas proyecciones, las fotografías fijas -a menudo extraídas de álbumes familiares, aunque se usen al servicio de sostener el relato de vidas ajenas- adquieren una densidad extraordinariamente polisémica en su uso cinematográfico y parecen especialmente privilegiadas para subrayar la inscripción autobiográfica o memorialista en el cine.
Ciertamente, los sistemas electrónicos y digitales han desbancado -cuando no, completamente reemplazado- a la fotografía en la prioridad de la toma de imágenes. Incluso la telefonía móvil ha “enterrado” el concepto de “instante decisivo” desde que la programación de los dispositivos móviles en la toma fotográfica “fija” trae adjunta un pequeño movimiento que, con su antes y después de la toma, nos impone a la fuerza la ilusión de una secuencia en movimiento. La “superioridad” del cine -como flujo temporal, como relato más amplio- parece haber doblegado a la imperfección de la instantánea como diminuto y empobrecido bloque visual, hasta el punto de que Regis Durand avisaba -ya en 2012- que “las fotografías corren ahora el riesgo de ser percibidas únicamente como un alto en el camino de la imagen móvil”.
Por eso, las películas de este ciclo, al rescatar el potencial narrativo, poético o simbólico de las imágenes fijas, reivindican su necesidad, proclaman una cierta idea de “ecología visual” y de revolucionaria “economía de supervivencia”, también conceptual, que nos recuerda la enorme potencialidad de una pequeña imagen cuando detona todo el poder de condensación estallando entre los intersticios de un relato en movimiento. Especialmente, como ocurre en las películas de este ciclo, tan cargadas de fotos biográficas o de familia, las fotografías fijas revelan su fascinante capacidad para provocar identificación y afiliación: una capacidad de “tocar” físicamente al espectador, en palabras de Jill Bennett, que desencadenan un insólito proceso de contagio afectivo.
JUAN MARÍA RODRÍGUEZ. Director del Centro Andaluz de la Fotografía



